Salitre – 2017 –

 

 

La porosidad que se manifiesta entre los conceptos de territorio e identidad mantiene dos direcciones simultáneas de sentido opuesto: por un lado, los seres humanos, con sus costumbres particulares, sus hábitos, en definitiva, su cultura, contribuyen a crear a su alrededor la peculiar orografía de su territorio; por otro lado, las características de un lugar influyen en el comportamiento humano, la forma en que las personas se enfrentan a la vida y a la construcción de muros habitables fuera y dentro de sí mismos.
Territorio e identidad terminan siendo materias coalescentes cuyas huellas podemos encontrar en la piel de personas y lugares.